Un Viaje al Corazón ante el Coronavirus

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En estos momentos de crisis sanitaria, económica y social, es necesario cultivar nuestro espíritu crítico, reflexionar sobre lo que está ocurriendo y hacernos preguntas para que, por una parte, seamos capaces de entender y, por otra, seamos capaces de encontrar respuestas y soluciones.

Con esta pandemia nos hemos dado cuenta de nuestra vulnerabilidad como seres humanos y todo ello nos dice, que la vida es un regalo que primero debemos agradecer y sobre todo cuidar.

¿Cuáles son nuestras prioridades en la vida?

Con esta pandemia nos hemos chocado de lleno con lo que siempre se dice: “La salud es lo más importante, sin ella no hay nada”; y estamos viviendo esas conexiones, una crisis sanitaria que ha llevado a una crisis económica y una crisis social.

Entonces podemos hacernos las siguientes preguntas:

¿Es la salud nuestra principal prioridad?

¿Bajo qué prioridad condicionamos nuestra manera de actuar, nuestra decisión a la hora de comprar, de producir alimentos o de alimentarnos?

“SALUD no es igual a PIB”

Nuestros sistemas políticos actuales han puesto la economía en el centro,  quedando relegada la VIDA, y por tanto la salud, a un segundo plano. Prueba de ello es que el indicador que mide el “progreso” de cada país, es el PIB.

Necesitamos generar un cambio de prioridades en nuestra vida y para ello debemos llegar a lo más hondo de nuestro corazón y nuestra mente, y ejercer un cambio en nuestra manera de actuar.

¿Cómo lo hacemos? ¿Qué elementos son esenciales para la vida?

¿Cómo volvemos a poner la salud y la vida en el centro de nuestras acciones?

Para ello, lo primero sería identificar qué elementos son los que afectan a la salud. Debemos hablar de nuestra alimentación, nuestras emociones, nuestros pensamientos, y no se nos puede olvidar que también afecta a nuestra salud el entorno que nos rodea, así como el estado en que se encuentre la sociedad que nos acoge como individuos.

“Al hablar de Salud, hablamos de Paisaje”

Al hablar de nuestra salud y su relación con el entorno, estamos hablando de Paisaje. El paisaje que conocemos, fundamentalmente, es la expresión y fruto de la relación de los seres humanos con su territorio a lo largo del tiempo. Es ahí donde queda, por tanto, el reflejo de la cultura y de la gente que lo habita, y en él se pueden observar las huellas de un pasado, de un presente así como la esperanza de un futuro. Pero el paisaje, tal como lo entendemos y el significado que le damos, es un concepto subjetivo, que depende de la percepción del observador.

Por ello, necesitamos integrar la salud como eje principal para poder generar paisajes sanos que cuiden de las personas y del resto de seres que lo habitan, que cuiden de la vida, que regeneren nuestro territorio y nuestra sociedad. Como diría Joaquín Araujo, necesitamos “Cuidar de lo que nos cuida”.

La conexión con la naturaleza, tal y como se suele entender, es decir, la conexión con entornos vivos como bosques, montañas e incluso parques y porque no, huertas de autoconsumo, es una necesidad innata para el bienestar y la salud que cada vez más autores, como Richard Louv, o conceptos como el de Baños de Bosque (Shinrin Yoku), están poniendo de manifiesto.

“Una nueva mirada hacia el paisaje”

Los valores dominantes en nuestra sociedad debido al modelo de vida actual, la visión urbanocéntrica, así como los efectos de la fuerte industrialización y un modelo de producción agrícola y ganadero más intensivo nos han convertido en depredadores de recursos y de territorios, nos ha llevado a poner nuestra salud en el último vagón, dar la espalda a la naturaleza y olvidarnos que somos parte de ella, lo que ha conseguido que destruyamos la complejidad y la belleza de nuestros paisajes rurales además de obviar una sabiduría, una cultura que dejó la huella de que podíamos relacionarnos en armonía con nuestro entorno. Hoy día estamos perdiendo esa huella y obviamos que eso afectará a nuestro futuro.

Por tanto en estos momentos, es imprescindible generar desde la educación una nueva mirada individual hacia el paisaje para, transmitiendo nuestra cultura, lo antiguo, confluir en la reivindicación de una acción colectiva, abriéndose a lo nuevo.

“Sabiduría y esperanza”

Esta pandemia debe ayudarnos a centrar nuestra atención, por una parte, en dos sectores de la sociedad con una gran importancia, los ancianos que representan la sabiduría y los niños que representan la esperanza, porque son el futuro; y por otra parte, centrar nuestra atención, como sociedad, en la sanidad y la educación, que constituyen los dos pilares de la dignidad humana (el derecho a la vida y el derecho al conocimiento) que constituyen además las bases del desarrollo económico de un país, tal y como menciona Edgar Morín en un artículo publicado en EL PAIS que no tiene desperdicio.

Podemos decir que existe una misión común entre el cuidado de la salud y la calidad de la enseñanza, puesto que se trata de ocuparse de vidas humanas, de personas, de futuros ciudadanos.

La enseñanza de hoy con la complejidad y la incertidumbre a la que nos enfrentamos no puede obviar de dónde venimos, nuestra sabiduría ancestral, nuestras tradiciones, nuestra esencia como seres vivos que pertenecemos a un ecosistema, nuestra conexión innata con la naturaleza unido a la necesidad de abrirnos a lo nuevo, ser resilientes para poder pasar a la acción desde una visión global, poniendo énfasis en la unidad, el conocimiento colectivo y la cohesión social, sin perder la diversidad.

La Educación en estos momentos se debe transformar en un viaje hacia el corazón de nuestros hijos para sembrar las semillas que ellos deberán cultivar durante toda la vida. Porque es mediante la educación, desde la infancia y en el presente, que nos aseguramos que existirá una generación futura de jóvenes y adultos con los conocimientos, las competencias, el entusiasmo y el amor necesario para liderar el cambio hacia el respeto y el cuidado de nuestros paisajes y hacia la sostenibilidad social y ambiental que necesitamos, generando cohesión social y una convivencia en paz con el mundo y en armonía con el entorno mediante el diálogo y la solidaridad.

Fundación Paisaje

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